Más tiempo libre y menos entradas aún… “Algo tiene que ir mal”, pensé (a veces mi inteligencia me sorprende), así que estoy intentando poner el blog algo más bonito para que me apetezca más pasar por aquí. Porque estaba feo, la verdad sea dicha, muy oscuro y tristón. Aunque tiene gracia que diga lo de oscuro, porque soy la reina del negro. En fin, ahora está más apetecible, así que tendremos que ponerlo a prueba para ver si tiene el mismo efecto en mí que Queen of Tarts. Pero gratis, que siempre es un plus.
Me tomé unas semanas de relax, haciendo sólo castings y cosas puntuales, y este lunes iba a empezar a tomármelo todo en serio. Como era de esperar, no fue así. ¿El culpable? Uno de esos catarros que no te dejan ni dormir pero que hacen que los dueños de las fábricas de clínex duerman en las mejores sábanas de algodón egipcio. Oh, shite ¡nosotros tenemos unas de esas! Pues… eh… ¡y en una casa en Ballsbridge! Ahora llega una nota cultural, tralalí, tralalá. Ballsbridge es una zona de Dublín de lo más pija. Está cerca del centro y su código postal es Dublin 4. De ahí viene el término D4, que se usa para designar a personas con mucho dinero, pretenciosas y normalmente malcriadas. Que no quiere decir que todos vayan a ser así, obviamente. Yo seguro que quedo un poco bastante mal cuando en algún trabajo todo el mundo dice que algo es “fab” (típica expresión de D4) y yo suelo un “great” que debe sonar como del monte profundo. Resumiendo lo importante del párrafo: estuve pachucha y básicamente no hice nada productivo. Ahora es el momento en el que me empiezo a sentir culpable…
Oh, no, ¡sí que hice algo productivo! David le tiene mucho miedo al mes de agosto. Traumas infantiles. Venga, va, no, le tiene miedo a ir a Vigo y que pase lo de siempre, que no entienda ni papa. Así que parece que por fin, más de tres años más tarde, ha asumido que va siendo hora de aprender español. Yo quiero que aprenda gallego a la vez, pero de eso no hay manera de convencerlo. Cada tarde le doy entre una hora y hora y media de clase y ayer fue inolvidable tanto para él como para mí: aprendió la canción de David el gnomo. Inolvidable para él porque fue su primer listening sin mi voz y porque ya puede cantar algo en español que no sea el “Bailamós” de Enrique Iglesias. Inolvidable para mí porque ya es oficial que alguien canta peor que yo y me sentí como si Simon Cowell hubiese dicho en directo que era mi fan número uno mientras entonaba “muy veloz y siempre estoy de buen humor”. Yo lo quiero mucho (a David, no a Simon Cowell), pero mi desafine parece una canción de Adele al lado del suyo, que ya es decir…
¡Me olvidaba de otro acontecimiento importante (cuestión de Estado, diría yo)! Hoy por la mañana empezaban las rebajas de Brown Thomas, ese lugar donde sólo puedo comprar maquillaje y macaroons pero que tiene muchas cosas de esas que puedes tocar y luego decir “¡toqué un McQueen! ¡Toqué un Givenchy!”. Ya sabía que las rebajas no iban a ser un todo a 5€, pero supuse que sería una experiencia. Qué sorpresa al ver la tienda casi vacía… hasta que llegué al departamento de zapatos y aquello era la repanocha. Aún así poco tenía yo que hacer con la tarjeta regalo que me regalaron en el cole, pese a que se pasaron con el regalo, así que me fui a su versión más joven y barata, BT2, a ver qué podía hacer. Tras probarme dos tercios del stand de COS, decidí que nada me convencía lo suficiente para invertir ahí el súper regalo del departamento de español en Mount Anville y me fui a Nourish a comprar tofu y Dunnes a por el resto de la comida. Al fin y al cabo no soy una D4…
NOTA: David me ha dicho que lo corrija y añada que es un cantante increíble. Dice que no es tan bueno como para ganar X Factor, pero que se ve en el top 7.