La gente que conozco de manera cercana (ya sea personalmente o no) sabe cómo veo yo la moda, por qué me gusta, por qué la disfruto. Pero visto cómo se han ido desarrollando las cosas en las últimas horas no es que me vea obligada a exponer mis ideas, en absoluto, sino que me apetece compartirlas con aquellos que aún no las conocen y quieren conocerme para que así comprendan un poco más cómo soy yo. No es ni venganza, ni aires de superioridad ni nada, es compartir un poco cómo veo mi pasión. Voy a comenzar por los desfiles, aunque es en lo que tengo menos experiencia desde “el otro lado” pero bastante desde la perspectiva receptora (y, he de añadir, directamente no consumidora).
Un desfile es un espectáculo artístico espectacular y contiene casi todas las formas de arte conocidas, por no decir todas. Recuerdo que cuando era una niña me encantaba ver en las revistas enormes de colecciones las páginas en las que hablaban de lo que sucedía en el backstage y todo lo previo al desfile, y una de las razones era porque aparecían algunas de las tarjetas de invitación (a la prensa en ese caso). Me parecía precioso ver cómo una tarjeta anticipaba muchísimas de las cosas que verías luego en el desfile. Podría ser la fuente en la que estaba escrita, los colores, la forma, si incluía tela, los dibujos, la forma en la que estaba escrita, el contenido. Siempre pensé que recibir una de esas tarjetas tendría que ser maravilloso, porque desde el primer momento tendría la intriga de qué voy a ver, tendría ciertas expectativas, crearía una historia en mi cabeza y luego, ya en el desfile, la historia sería desvelada y la hilaría con la tarjeta.
Otra cosa que me encantaba, aunque aparecían con mucha menos frecuencia, era ver los bocetos de los diseñadores. Como pinto desde los 6 años (aunque quizás debería haber usado el pasado ahí) me encanta ver cómo el diseñador imagina las cosas en su mente antes de que se trasladen al tejido. Y también me encanta ver los estilos de los diseñadores y como con más o menos destreza para el dibujo plasman lo que en el futuro será una pieza de ropa. Tengo un libro precioso que me regalaron mis tíos, La ilustración de moda desde la perspectiva de los diseñadores y una de las cosas que más me gustó de él es reconocer piezas que ya había visto.
Ahora pasamos al desfile propiamente dicho. Las colecciones no se hacen así porque sí. Tienen un tema, lo que inspiró al diseñador a crearla, y se desarrollan en torno a él. A veces nos cuentan una historia, como McQueen y su “chica del árbol que se convierte en princesa” de este invierno (porque aún estamos en invierno, ¿verdad?). Pero lo espectacular de un desfile es toda la preparación y la ejecución que tiene. La pasarela nos cuenta cosas. Ya esté cubierta de pétalos en una antigua facultad de medicina o sea una estructura futurista en blanco impoluto. Tenemos la música, el ritmo al que se presenta la ropa con melodías que la enmarcan, dictan los pasos y complementan a las prendas, las caídas y el movimiento. El juego de luces favorece a que ciertos detalles se vean, a que se palpen tejidos sin verlos, a crear una atmósfera que nos introduzca más en el tema y nos haga soñar. Mientras sale cada modelo podemos ver que cada pase se compone básicamente de 3 cosas: el maquillaje, la peluquería y la ropa. La actitud de la modelo (porque hay algo de actuación) y el caminar también influyen en la primera impresión que tenemos de las prendas, además de su físico, porque lo que estamos percibiendo es cómo le sienta a ella (o él) la ropa, por lo que a distintos tipos de cuerpos le sentarán las cosas de manera distinta. Sí, hay cuerpos muy variados entre las modelos, por si alguien se cree que sólo son “largiluchas y esqueléticas” y eso abarca todo. El maquillaje y la peluquería muchas veces son opuestos y “se matan” en cierto modo entre sí, “rompiendo” con las prendas pero creando al final un efecto espectacular donde ya vemos que, una vez más, lo que parece que no queda bien sorprende. Porque el maquillaje y la peluquería también contribuyen a contar la historia, ya sea por su exageración o por su aparente ausencia que, ya que no siempre todo en los desfiles tiene que ser “over the top” y en muchas ocasiones el minimalismo y aparente desnudez ayudan mejor a comprender el mensaje.
Qué decir de las prendas. Los colores, cortes, volúmenes, texturas, telas, detalles… Todo se une armónicamente (si la colección es buena, claro está) y además de la belleza de lo cotidiano, pues todos nos vestimos, nos muestra la belleza que busca el creador, su manera de crear arte de lo habitual, de lo necesario (aunque luego el resultado no lo sea), cómo se desahoga, lo que nos quiere contar, sus preocupaciones. Hay colecciones que dan lecciones éticas, hay colecciones que nos trasladan a mundos mágicos, que hacen reflexionar, que entretienen, que nos hacen soñar. Y hay colecciones que son simplemente arte por el arte. Así que como arte que es hay que darse cuenta de que la pasarela no es la vida real, que es un espectáculo, y como tal se ha preparado para impresionar y deleitar. Más tarde ya se extraerán las ideas principales y se podrá llevar todo a la calle pero, mientras tanto, los que pensamos como yo seguimos soñando.

Alexander McQueen, SS09. Imagen de Style.com