Ayer estuvimos de celebración: se cumplió un año desde que me mudé a Dublín. Eso significa que David y yo llevamos viviendo ya más de 365 días juntos y aún no nos hemos matado. Parece que la cosa no va mal.
Para celebrarlo fuimos a cenar a Saba, un restaurante tailandés y vietnamita que tiene mucha fama por aquí. Tanta, que conseguimos una mesa de milagro al llamar más de una semana antes para reservar. Menos mal que esta vez fuimos precavidos, porque no estamos acostumbrados a tanta premeditación.
Al llegar vimos todo lleno de globitos de color rosa porque sorprendentemente también estaban de aniversario. Durante toda esta semana tienen un menú especial, pero el día exacto de su quinto aniversario fue ayer. Como detalle, a todas mujeres nos regalaron una bufanda del color rosa, el color del logo Saba. La verdad es que la coincidencia nos hizo ilusión, porque además no habíamos ido antes (siempre que nos apetece comida tailandesa vamos a Siam Thai) y el local estaba en todo su esplendor.
No sé si fue mientras tomaba los calamares con jengibre y pimienta o el curry rojo con gambas, pero en un momento de la cena vi volar un cuchillo que tropezó contra mi asiento y cayó entre mis pies. Detrás del cuchillo apareció el que creemos que es uno de los managers del restaurante pidiendo disculpas por haber intentado matarme. Como siempre, llevo el caos allá donde voy. En otro momento una señora muy amable nos dijo que hoy daban masajes tailandeses gratis en una sala a parte después de la cena. David y yo estábamos convencidos de que íbamos a ir a por uno hasta que vimos a más de un cliente dolorido diciendo que pensaba que le iban a romper el cuello, así que decidimos que el masaje no era la mejor opción.
A la salida el sitio estaba aún más lleno si cabe y un hombre me dio un empujón: era el manager de antes, dispuesto a acabar con mi vida otra vez. Salió corriendo y volvió justo cuando íbamos a salir por la puerta con un sobre en la mano.
- Toma, esto es para ti, es una tarjeta regalo. Sólo tenemos una para sortear durante toda la noche, pero te la voy a dar a ti para disculparme.
David y yo salimos del sitio con la boca abierta y la abrimos aún más al ver que el hombre me había regalado 50€ para tener otra cena gratis en Saba (los sponsors de ayer fueron mis abuelos sin saberlo).
Happy days!
