Cualquiera que me conozca un poco sabe que soy una obsesionada de las cejas, aunque por desgracia, las mías distan bastante de ser una maravilla. Muchas veces me arrepiento de haber empezado a depilarlas, pero en cuanto veo primeros planos de mi adolescencia entiendo por qué lo hice. Aún así, no pierdo la esperanza y pienso que algún día tendré unas cejas decentes.

Llevo un tiempo dejándolas crecer, a su bola, modo salvaje, pero no es fácil dejarlas a libre albedrío porque de vez en cuando alguna maquilladora despiadada las ataca (por mucho que implore que vuelva a dejar las pinzas en su sitio) y tengo que volver a empezar desde cero otra vez. Nunca olvidaré mi primera sesión de fotos, en Glasgow, y el horror que viví al ver en el espejo del ascensor que me habían arrancado el remolino que tengo en la ceja izquierda. De aquellas recurrí a un producto de Talika, Liposourcils, que me ayudó a que los pelitos fuesen creciendo más rápido, y lo he usado alguna vez más desde aquellas.

Ahora llevo casi una semana usando un producto nuevo que se llama RapidBrow. Promete maravillas en 60 días, así que no las cumplirá, pero algo hará, espero. Su predecesor, RapidLash (que se puede usar tanto en pestañas como en cejas), tiene muy buenas críticas, así que tengo los dedos cruzados esperando a que suceda un milagro. Por lo pronto, unos pelitos de la ceja derecha que eran un poco tímidos están soltándose un poco y los veo bastante más largos, así que tengo fe en los 45 euros que he invertido en el botecito. En fin, a grandes males, grandes remedios.