Estoy cansada, no paro de bostezar y quiero ir a echarme una siesta como la vieja que soy (el lunes fue mi cumpleaños y sigo sin asumir lo evidente). Pero no, quiero buscar una excusa para no moverme de al lado del radiador y procrastinar.

El lunes me invitaron cenar a Rustic Stone, el restaurante de Dylan McGrath, uno de los cocineros más famosos de Irlanda cuya filosofía es hacer comida nutritiva, sabrosa y con un toque inesperado. El plato estrella son distintos cortes de carne sobre una piedra caliente que “cocinas” tú mismo hasta que esté a tu gusto. Perdonad la pobreza de mi vocabulario, pero es que cuando la palabra carne aparece por el medio no me sé expresar bien. El caso es que para aquí eso es algo rarísimo y que echa para atrás a mucha gente, pero bueno, no me sorprende porque los irlandeses no son muy innovadores en lo que a la comida se refiere. La idea de la entrada se me ocurrió al ver las caras de sorpresa del resto de los comensales, así que ahí va una pequeña lista de mis peculiaridades gastronómicas y cosas que me llaman la atención de Irlanda.

· Nunca he comido una hamburguesa de McDonald’s, Burger King o cualquier otra cadena de comida rápida. De hecho nunca he comido una hamburguesa entera, sólo cachos de las que nos daban para comer de vez en cuando en el comedor del colegio.

· Como máximo he bebido dos latas de Coca Cola o similares en mi vida. Odio las bebidas con burbujas, aunque ahora que soy adulta (y tanto) debería llamarlas bebidas carbonatadas. Sé que hace años hice un vídeo en el que me volvía loca con unas latas de Irn-Bru, pero tengo que confesar que era fiebre escocesa, porque al final las repartí entre mis amigos porque no era capaz de beber ni una. Puro postureo.

· Normalmente después de la comida ya he tomado mis cinco raciones de fruta y verdura, pero aún así tomo más para la cena. Mirad qué sana soy y qué poco presumo.

· Mucha gente cree que soy vegetariana, pero como pescado y marisco normalmente, pollo muy de vez en cuando y cerdo raramente y sólo en forma de jamón y lomo ibérico. Porque una no es tonta.

· Puedo dar la impresión de ser golosa, pero donde esté un buen queso, cuanto más fuerte mejor, que se quite todo lo demás. Luego tengo a mi novio, que sólo come cheddar, y a mi madre a la que no le gusta el queso en general. Sufro en silencio (y me cebo a escondidas).

· Odio las cebollas, pero cocino todos los días con ellas y luego no las aparto del plato. Misterios de la humanidad.

· Echo de penos el PAN, con mayúsculas, que aquí se ha extinguido.

· Me gusta este país y soy feliz aquí, pero los irlandeses son posiblemente el pueblo más aburrido en cuanto a comida. La mayoría de los que conozco comen lo mismo o casi lo mismo todos los días, en la comida y en la cena, y piden siempre los mismos platos en el mismo restaurante. Se hacen cliente habitual y de un sólo menú, ignorando el resto de la carta.

· Los irlandeses cocinan poco. ¿Por qué? Porque tienen un organismo, Bord Bia, que se dedica a asustarlos y hacer anuncios proclamando los peligros de cocinar en casa y enumerando los gérmenes que abundan por la cocina. Lo que consiguen es que opten por comidas preparadas para calentar en el microondas. Porque esas sí que no son peligrosas, ¿verdad?

· Hay pocas pescaderías, pero las que hay enseñan pescados y mariscos sin cabeza. No vaya a ser que veas que las cigalas no son sólo cola y te dé un telele. Y así se lavan las manos cuando venden cosas que no son frescas.

· Hasta que descubrí Cocoa Atelier pensé que iba a ser imposible encontrar chocolate negro decente, pero al menos un año después he visto que no estoy sola y que hay más como yo que piensan que hay vida detrás de las dairy milk de Cadbury’s. ¡Abajo el con leche!

· Les gusta tanto el té, que si se quedan sin bolsas beben agua hervida sin nada más. No sólo es cosa mía, son extraños, ¿verdad?

No sé si a alguien le interesan las entradas de curiosidades, pero por si acaso le doy a publicar. Ahora me voy a dormir un ratito y a soñar con pan de millo y los quesos que compra mi abuelo. Cómo no, cada vez que me despierto ataco la nevera.